Luis Jerónimo de Oré (1554-1630) fue un fraile franciscano nacido en Huamanga (Virreinato del Perú). Desde joven recibió formación musical y lingüística, lo que marcó su vocación misionera. Estudió en Cuzco y en la Universidad de San Marcos, donde se ordenó sacerdote en 1581. Participó en el III Concilio Limense y se destacó por su empeño en traducir y difundir la doctrina cristiana en lenguas indígenas como el quechua, aimara y otras.
Su vida estuvo dedicada a la evangelización. Fue autor de obras fundamentales como el "Symbolo Catholico Indiano" y el "Rituale seu manuale peruanum" (Nápoles, 1607), que combinaban catequesis, lingüística y descripciones culturales. En 1620 fue nombrado obispo de La Concepción (Reino de Chile), donde impulsó la organización pastoral, fundó seminarios y buscó pacificar la región en medio de la guerra araucana.
Murió en 1630, dejando como legado su método de catequización a través de la música y su profundo interés por las lenguas nativas, que consideraba esenciales para la evangelización y la integración cultural.
Francisco de Loyola y Vergara, hijo de padres nobles, nace en 1609 en la localidad de Ica, Perú. En su juventud se traslada a Lima, donde estudió en el colegio San Ildefonso y luego en la Universidad de San Marcos, graduándose como doctor en Teología. Ingresó a la Orden Agustina en 1622 y se destacó como catedrático, orador y administrador en diversos cargos dentro de la orden, incluyendo secretario provincial, prior y provincial en Perú. Aunque deseaba dedicarse al estudio y la enseñanza, fue reconocido por su capacidad y recomendado al papado, siendo nombrado obispo de Concepción en 1671. Al llegar a Chile, enfrentó una diócesis devastada por desastres naturales y conflictos con indígenas. Se enfocó en la formación del clero, organizando estudios de Filosofía y Teología y promoviendo la enseñanza del Latín. Intentó conciliar la doctrina cristiana con las costumbres de los araucanos, aunque sin lograr una solución definitiva.
Fray Martín de Híjar, hijo de una familia noble, ingresó en la Orden agustiniana en 1640. Su talento lo llevó a ocupar cargos importantes: fue calificador del Santo Oficio en Lima, censor de libros e inquisidor del culto. En 1665 fue elegido prior en Copacabana (Alto Perú), luego definidor de la provincia, y en 1680 superior del convento de Otuzco. Al año siguiente fue nombrado provincial, recorriendo la sierra y la selva amazónica para visitar conventos y misiones. En 1690 se trasladó a Quito como provincial para reorganizar la provincia quiteña. Su prestigio le valió ser nombrado obispo de Concepción en 1693, consagrado en Quito y llegando a Chile en 1695. Allí enfrentó una diócesis pobre y abandonada, visitó sus territorios, celebró sínodo en 1702 y participó en la junta de guerra contra los araucanos. Sus últimos años los pasó enfermo y retirado, presidiendo aún el Capítulo Provincial de su Orden antes de morir en pobreza, pese a su origen noble.