Hernando Arias de Ugarte, a veces mencionado en escritos como Fernando Arias de Ugarte, nacido en Santa Fe, estudió Cánones y Leyes en Salamanca y Lérida. Tuvo una carrera destacada como oidor en varias audiencias y como gobernador en distintas regiones. Fue ordenado sacerdote en Lima y posteriormente obispo de Quito, y arzobispo de Santa Fe y Charcas, hasta convertirse en el primer criollo en ocupar el arzobispado de Lima en 1628. Allí impulsó visitas pastorales, sínodos y reformas en conventos, además de preocuparse por la evangelización de indígenas y afrodescendientes. Sus cartas al Rey y al Papa Urbano VIII ofrecen valiosa información sobre la vida eclesiástica y social del Perú colonial. Falleció en 1638 a los 76 años.
Luis Jerónimo de Oré (1554-1630) fue un fraile franciscano nacido en Huamanga (Virreinato del Perú). Desde joven recibió formación musical y lingüística, lo que marcó su vocación misionera. Estudió en Cuzco y en la Universidad de San Marcos, donde se ordenó sacerdote en 1581. Participó en el III Concilio Limense y se destacó por su empeño en traducir y difundir la doctrina cristiana en lenguas indígenas como el quechua, aimara y otras.
Su vida estuvo dedicada a la evangelización. Fue autor de obras fundamentales como el "Symbolo Catholico Indiano" y el "Rituale seu manuale peruanum" (Nápoles, 1607), que combinaban catequesis, lingüística y descripciones culturales. En 1620 fue nombrado obispo de La Concepción (Reino de Chile), donde impulsó la organización pastoral, fundó seminarios y buscó pacificar la región en medio de la guerra araucana.
Murió en 1630, dejando como legado su método de catequización a través de la música y su profundo interés por las lenguas nativas, que consideraba esenciales para la evangelización y la integración cultural.