Natural de Angol, fue cura y vicario en el castillo de Arauco, en la isla de Santa María, hasta que el obispo Luis Jerónimo de Oré le lleva a Concepción en 1623. En 1654 fue deán de Santiago, donde fallece a principios de 1657.
Pedro Felipe de Azúa e Iturgoyen nació en Santiago hacia 1693-1694, hijo de Tomás Ruiz de Azúa y María Catalina Iturgoyen. Estudió en el Real Convictorio de San Francisco Javier en Santiago y en la Universidad de San Marcos de Lima, donde se doctoró en Derecho Canónico y Civil en 1711. Ejerció como abogado en Lima y luego en Santiago, acumulando múltiples cargos civiles y eclesiásticos: asesor del gobernador, auditor de guerra, protector de indios y comisario del Santo Oficio. En 1722 fue ordenado sacerdote y obtuvo la canonjía doctoral en la catedral de Santiago.
En 1735 fue nombrado obispo auxiliar de Concepción con título de Botri, residiendo en Chiloé. En 1742 sucedió a Salvador Bermúdez como obispo de Concepción, donde celebró un sínodo diocesano en 1744 y reconstruyó la catedral destruida por el terremoto de 1730. En 1744 fue promovido a arzobispo de Santa Fe de Bogotá, cargo que asumió en 1748. Renunció en 1752 por motivos de salud y emprendió viaje de regreso, falleciendo en Cartagena de Indias en 1754. Fue un clérigo destacado por su formación jesuita, su influencia en la administración colonial y su papel en la reconstrucción eclesiástica de Concepción.
El Padre Pedro de Careaga Elosu nació en Concepción en el año 1606. Fue un clérigo muy respetado, educado y con un gran talento para la oratoria. Inició su carrera en el sur del país, donde sirvió en zonas de frontera marcadas por la guerra. Llegó a ser el capellán mayor del ejército colonial.
Su gran capacidad lo llevó rápidamente a la capital del Reino de Chile. Allí asumió las más altas tareas de la Iglesia, manejando la justicia eclesiástica y la censura de libros. Fue tan influyente que en 1647 las autoridades lo propusieron oficialmente ante el Rey de España para convertirse en el nuevo obispo de Concepción. Murió siendo una de las figuras más poderosas del clero colonial.
José Francisco de Marán nació en Arequipa, Perú, el 9 de octubre de 1729, hijo de José de Marán y Juana María de Calatayud y Geldres. Se formó en la Universidad de Cuzco, donde obtuvo el grado de Bachiller, Licenciado y Maestro en Artes, y en 1748 alcanzó el doctorado en Teología. Fue ordenado sacerdote en 1765 por el obispo Manuel Jerónimo Romaní y Carrillo, Obispo de Cuzco.
Ejerció como cura de Humachiri y vicario en la provincia de Lampa, rector del Colegio San Francisco de Borja, canónigo de Cuzco, examinador sinodal, provisor y vicario general de Cuzco, además de comisario del Santo Oficio. El papa Pío VI lo nombró obispo de Concepción el 19 de marzo de 1779, siendo consagrado en Cuzco ese mismo año y tomando posesión de la diócesis el 24 de mayo de 1780, en sucesión de fray Pedro Ángel de Espiñeira.
En 1794 fue trasladado a la diócesis de Santiago para ejercer como Obispo, donde tomó posesión en marzo de 1795, sucediendo a Blas Sobrino y Minayo. Gobernó hasta su muerte en Santiago el 10 de febrero de 1807.
Nació en Santiago, en octubre de 1644. Hijo de Diego González Montero y Ana Jufré del Águila Sarmiento, familia acaudalada y noble. Lo mandaron a Lima a hacer sus estudios profesionales en la Universidad de San Marcos, donde se gradúo de doctor en Cánones y en Leyes, para luego ser nombrado en esa misma Universidad como profesor de leyes. EL historiador de Concepción y la iglesia, Muñoz Olave (1916) menciona que "Fue un insigne jurisconsulto y desempeño con honra y provecho la profesión de abogado".
Casado en Lima con Doña Lorenza Zorrilla. Después de enviudar de ella ingresó al clero y fue ordenado sacerdote, en Lima. Fue designado Provisor y Vicario general del Arzobispado de Lima, examinador sinodal y Cura Rector de la Catedral de Lima. Muñoz Olave (1916) destaca que a esa altura "su carrera eclesiástica fue tan brillante como lo había sido la forense".
Aquel buen desempeño le significo que el Papa Clemente XI lo escogiera Obispo de Concepción en el Consistorio de 3 de octubre de 1708. Consagrado en Lima, en el Monasterio de Santa Clara, el 5 de enero de 1710, por D. Francisco de Cisneros y Mendoza, Obispo de Santa Margarita y Auxiliar de Lima. Toma posesión de su diócesis en 1711, sucediendo a D. Fray Martín de Híjar y Mendoza, fallecido en 1704. Durante su gestión en Concepción visitó Chiloé y Valdivia, impulsó estatutos de gobierno, fundó el beaterío de la Santísima Trinidad y promovió la educación de jóvenes pobres.
Fue corto el episcopado del Sr. Montero, siendo trasladado por Clemente XI a Trujillo, Perú , el 21 de enero de 1715, en donde termina falleciendo en Saña, mientras hacía la visita pastoral, el 25 de febrero de 1718. Sus restos fueron trasladados a la Catedral de Trujillo en 1720.
Cura de Arauco desde antes de 1623, y desde esa fecha, canónigo de la catedral de Concepción por cuatro años. Hijo del capitán Alonso de Pereda y Ribera junto a Luisa Salas. Luego de su paso por la catedral de Concepción, se desempeño como canónigo de la catedral de Santiago entre 1641 hasta su muerte en 1650.
José de Toro y Zambrano nació en Santiago de Chile en 1674, hijo de Alonso de Toro y Zambrano y Josefa de Romo. Estudió en el Convictorio de San Francisco Javier, graduándose en Filosofía, y luego en la Universidad de San Marcos de Lima, donde obtuvo títulos en ambos Derechos y se recibió de abogado en la Real Audiencia de Lima. Ejerció como relator de la Real Audiencia de Santiago en 1705.
En 1711 ganó la canonjía doctoral del Cabildo de Santiago y fue ordenado sacerdote en 1714 por el obispo Luis Francisco Romero. Ocupó diversos cargos eclesiásticos, entre ellos Provisor y Vicario general, y en 1741 fue nombrado Deán del Cabildo catedralicio. El papa Benedicto XIV lo designó obispo de Concepción en 1744, siendo consagrado en Santiago en 1746.
Durante su episcopado, que se extendió por 14 años, impulsó el seminario diocesano y apoyó al clero, logrando en 1753 un aumento de rentas para los sacerdotes. Enfrentó el terremoto de 1751, que destruyó gran parte de Concepción, y se opuso tenazmente al traslado de la ciudad desde Penco al valle de la Mocha, defendiendo a las familias pobres que no podían costear el cambio. Gobernó la diócesis hasta su muerte el 1 de mayo de 1760, a los 86 años, siendo recordado como un obispo trabajador y apostólico.
Según la Muñoz Olave (1916), Vega fue sacerdote en Santiago y posteriormente nombrado Provisor y Vicario General de la diócesis de Imperial por el obispo Pérez de Espinosa. Con la llegada del nuevo obispo Jerónimo de Oré, se estableció en Concepción, donde fue designado canónigo. Ocupaba este cargo en 1645, año en que falleció.