El marqués de Mancera (Luis de Toledo y Leyva) nació en una familia vinculada a la nobleza y a la Orden de Santiago. Desde joven participó en campañas militares en Italia y Argel, llegando a gobernar las galeras de España. En 1631 fue nombrado gobernador y capitán general de Galicia, y en 1633 recibió el título de marqués de Mancera. En 1639 asumió como virrey del Perú, cargo que ejerció hasta 1648. Durante su gobierno impulsó la defensa marítima con la construcción de galeones en Guayaquil, reforzó las murallas del Callao, fomentó la producción de plata y mercurio en Huancavelica y Potosí, fundó la villa de Pisco y apoyó diversas iniciativas religiosas. Su gestión fue considerada piadosa pero también arbitraria. Tras entregar el mando, regresó a España, donde murió en 1654.
Felipe V de España (1683–1746), conocido como El Animoso, fue rey de la Monarquía Hispánica desde 1700 hasta 1724, y nuevamente desde finales de ese año hasta su muerte. Fue el primer monarca español de la Casa de Borbón, y su reinado es el más largo de la historia de España. Su ascenso al trono precipitó la Guerra de Sucesión Española, concluida con el Tratado de Utrecht (1713) que despojó a España de sus posesiones italianas y de los Países Bajos. Su mandato estuvo marcado por los Decretos de Nueva Planta, que centralizaron el poder y suprimieron los fueros regionales de la Corona de Aragón, además de por su severa depresión, lo que llevó a su segunda esposa, Isabel de Farnesio, a controlar el gobierno. Su vida personal incluyó dos matrimonios, una breve abdicación en su hijo Luis I y la sucesión definitiva de su segundo hijo, Fernando VI.