Carlos II de España (1661–1700), conocido como El Hechizado, fue rey de la Monarquía Hispánica desde 1665 hasta su muerte. Su reinado estuvo marcado por sus largos periodos de mala salud, la constante presión del expansionismo francés de Luis XIV y reformas económicas internas destinadas a sanear la Hacienda Real. Fue el último monarca de la Casa de Habsburgo en España tras casi dos siglos de gobierno. Su vida personal estuvo marcada por dos matrimonios sin descendencia, lo que convirtió su sucesión en el eje de la diplomacia europea y desembocó, tras nombrar heredero a Felipe de Anjou, en la Guerra de Sucesión Española.
Dionisio Cimbrón Portillo, nacido en Autol, estudió en la Universidad de Salamanca y se unió a la Orden del Císter en el monasterio de Oseira. Destacó como maestro, prior y abad en distintos monasterios, especialmente en Oseira, donde resolvió importantes conflictos y promovió obras arquitectónicas. Su prestigio lo llevó a ser elegido general reformador de la congregación y posteriormente abad de Santa Ana en Madrid, donde brilló como predicador. Aunque no deseaba el cargo, fue nombrado obispo de Concepción en Chile, donde dedicó sus esfuerzos a defender los derechos de los indígenas y a reconstruir una diócesis devastada por guerras y desastres naturales. Falleció en 1661, agotado por las penurias, sin llegar a saber que había sido nombrado Virrey de estas tierras por el Rey Felipe IV. Su legado se refleja en cartas y memoriales que muestran su compromiso pastoral y humanitario.
Francisco Antonio de Escandón nació en Madrid, España, y fue religioso de los Clérigos Regulares de San Cayetano (teatinos). Desarrolló su ministerio sacerdotal en España y en otros países de Europa, ocupando diversos cargos dentro de su congregación. Se destacó como predicador del rey Felipe V en su corte, lo que le dio gran prestigio en el ámbito eclesiástico y político.
El papa Inocencio XII lo eligió obispo de Concepción el 12 de mayo de 1723. Fue consagrado en España ese mismo año y tomó posesión de su diócesis en 1724, sucediendo a Juan de Nicolalde, promovido al arzobispado de Charcas. Durante su gestión en Concepción, reparó la catedral, impulsó el seminario local y enfrentó los problemas diocesanos, destacando especialmente su labor humanitaria tras el terremoto de 1730.
El 18 de junio de 1731, Clemente XII lo promovió al arzobispado de Lima, donde tomó posesión en 1732. En esta etapa ejerció una labor conciliadora frente a graves conflictos con órdenes religiosas y momentos de tensión política, como el motín de Antequera. Aunque su relación con el virrey Castelfuerte fue difícil, logró fundar monasterios, reorganizar la administración de hospitales y fortalecer el cabildo.
A pesar del deterioro de su salud, realizó extensas visitas pastorales y gestionó el nombramiento de un obispo auxiliar para asegurar la continuidad de la labor episcopal. Falleció en Lima el 21 de abril de 1739, dejando un legado de equilibrio, diplomacia y firme compromiso pastoral en la arquidiócesis.
Felipe V de España (1683–1746), conocido como El Animoso, fue rey de la Monarquía Hispánica desde 1700 hasta 1724, y nuevamente desde finales de ese año hasta su muerte. Fue el primer monarca español de la Casa de Borbón, y su reinado es el más largo de la historia de España. Su ascenso al trono precipitó la Guerra de Sucesión Española, concluida con el Tratado de Utrecht (1713) que despojó a España de sus posesiones italianas y de los Países Bajos. Su mandato estuvo marcado por los Decretos de Nueva Planta, que centralizaron el poder y suprimieron los fueros regionales de la Corona de Aragón, además de por su severa depresión, lo que llevó a su segunda esposa, Isabel de Farnesio, a controlar el gobierno. Su vida personal incluyó dos matrimonios, una breve abdicación en su hijo Luis I y la sucesión definitiva de su segundo hijo, Fernando VI.
Procedente de Álava, este funcionario español del siglo XVII desarrolló una destacada carrera administrativa. Inició su trayectoria en el Consejo de Hacienda bajo el reinado de Felipe II, trabajó como oficial junto a Pedro de Contreras, secretario del Despacho, y llegó a ascender a al frente de una de las Secretarías del Consejo de Indias entre 1626 y 1628.
Isabel de Borbón, hija de Enrique IV de Francia y María de Médicis, fue reina consorte de España tras su matrimonio con Felipe IV en 1615. Educada en un ambiente refinado y artístico, su enlace formó parte de una estrategia diplomática entre Francia y España. Aunque al inicio su papel político fue limitado, a partir de 1640 asumió funciones de regente durante las guerras de Cataluña y Portugal, mostrando gran capacidad de gestión y negociación financiera. Su relación con el conde-duque de Olivares fue tensa, y se le atribuye cierta influencia en su caída. Felipe IV llegó a considerarla “su único valido” por el apoyo que le brindó en momentos críticos. Murió en 1644, dejando tras de sí la imagen de una reina culta, eficaz y respetada.
El Fray Luis de Lemus, de la Orden de San Agustín, nace en 1620, en Madrid. Profesó el 8 de diciembre de 1637 en el convento de San Felipe el Real de Madrid. Una vez conocida la noticia sobre el fallecimiento del Fray Antonio de Morales, fue presentado para la diócesis de Concepción, habiéndole el Papa expedido sus bulas el 16 de septiembre de 1686. El 12 de enero del siguiente año, predicó al Rey en Palacio, habiéndose consagrado en Madrid en el convento de dona Maria de Aragón.
El 22 de marzo de 1688 prestó en aquella ciudad el juramento del patronato real, y siete días más tarde solicitaba que se le permitiese viajar a Chile vía Buenos Aires para tomar posesión del obispado, lo que no alcanza a efectuar por causa de sus achaques habituales. En octubre de 1689, hallándose en Cádiz, hizo renuncia del obispado, la cual se le admitió el 28 de noviembre de 1692. Fallece en Madrid el 22 de diciembre de 1702.
El marqués de Mancera (Luis de Toledo y Leyva) nació en una familia vinculada a la nobleza y a la Orden de Santiago. Desde joven participó en campañas militares en Italia y Argel, llegando a gobernar las galeras de España. En 1631 fue nombrado gobernador y capitán general de Galicia, y en 1633 recibió el título de marqués de Mancera. En 1639 asumió como virrey del Perú, cargo que ejerció hasta 1648. Durante su gobierno impulsó la defensa marítima con la construcción de galeones en Guayaquil, reforzó las murallas del Callao, fomentó la producción de plata y mercurio en Huancavelica y Potosí, fundó la villa de Pisco y apoyó diversas iniciativas religiosas. Su gestión fue considerada piadosa pero también arbitraria. Tras entregar el mando, regresó a España, donde murió en 1654.
Luis Jerónimo de Oré (1554-1630) fue un fraile franciscano nacido en Huamanga (Virreinato del Perú). Desde joven recibió formación musical y lingüística, lo que marcó su vocación misionera. Estudió en Cuzco y en la Universidad de San Marcos, donde se ordenó sacerdote en 1581. Participó en el III Concilio Limense y se destacó por su empeño en traducir y difundir la doctrina cristiana en lenguas indígenas como el quechua, aimara y otras.
Su vida estuvo dedicada a la evangelización. Fue autor de obras fundamentales como el "Symbolo Catholico Indiano" y el "Rituale seu manuale peruanum" (Nápoles, 1607), que combinaban catequesis, lingüística y descripciones culturales. En 1620 fue nombrado obispo de La Concepción (Reino de Chile), donde impulsó la organización pastoral, fundó seminarios y buscó pacificar la región en medio de la guerra araucana.
Murió en 1630, dejando como legado su método de catequización a través de la música y su profundo interés por las lenguas nativas, que consideraba esenciales para la evangelización y la integración cultural.
Fernando Ruiz de Contreras, casado con María Felipa de Fonseca, II marquesa de Lapilla, fue un influyente secretario y consejero del siglo XVII, cercano al conde-duque de Olivares y de gran confianza de Felipe IV. Ingresó en la Orden de Santiago en 1635 y acumuló cargos en los Consejos de Indias y de Guerra. Participó activamente en la coordinación de frentes bélicos, en la preparación de flotas hacia América y en crisis como el motín de Évora, el asedio de Fuenterrabía y la rebelión de Cataluña. Su lealtad y servicios le valieron recompensas y nuevas encomiendas en América. Tras la caída de Olivares, mantuvo la confianza del monarca, llegando a ser secretario de Estado y desempeñando un papel clave en la política y la administración de la Corona hasta 1660.