Fernando VI de España (1713–1759), conocido como El Prudente o El Justo, fue rey de la Monarquía Hispánica desde 1746 hasta su muerte. Su reinado se caracterizó por una política exterior de estricta neutralidad que logró mantener a España alejada de los grandes conflictos europeos del periodo. En el plano interior, impulsó reformas fiscales modernizadoras, prohibió la masonería y promovió un fuerte avance del comercio y de la armada española, aunque su legado quedó empañado por autorizar la Gran Redada contra la población gitana en 1749. Fue el tercer monarca de la Casa de Borbón en España. Sus últimos años estuvieron marcados por una profunda inestabilidad mental tras la pérdida de su esposa, Bárbara de Braganza, falleciendo sin descendencia y siendo sucedido por su hermanastro Carlos III.
Felipe V de España (1683–1746), conocido como El Animoso, fue rey de la Monarquía Hispánica desde 1700 hasta 1724, y nuevamente desde finales de ese año hasta su muerte. Fue el primer monarca español de la Casa de Borbón, y su reinado es el más largo de la historia de España. Su ascenso al trono precipitó la Guerra de Sucesión Española, concluida con el Tratado de Utrecht (1713) que despojó a España de sus posesiones italianas y de los Países Bajos. Su mandato estuvo marcado por los Decretos de Nueva Planta, que centralizaron el poder y suprimieron los fueros regionales de la Corona de Aragón, además de por su severa depresión, lo que llevó a su segunda esposa, Isabel de Farnesio, a controlar el gobierno. Su vida personal incluyó dos matrimonios, una breve abdicación en su hijo Luis I y la sucesión definitiva de su segundo hijo, Fernando VI.
Francisco Antonio de Escandón nació en Madrid, España, y fue religioso de los Clérigos Regulares de San Cayetano (teatinos). Desarrolló su ministerio sacerdotal en España y en otros países de Europa, ocupando diversos cargos dentro de su congregación. Se destacó como predicador del rey Felipe V en su corte, lo que le dio gran prestigio en el ámbito eclesiástico y político.
El papa Inocencio XII lo eligió obispo de Concepción el 12 de mayo de 1723. Fue consagrado en España ese mismo año y tomó posesión de su diócesis en 1724, sucediendo a Juan de Nicolalde, promovido al arzobispado de Charcas. Durante su gestión en Concepción, reparó la catedral, impulsó el seminario local y enfrentó los problemas diocesanos, destacando especialmente su labor humanitaria tras el terremoto de 1730.
El 18 de junio de 1731, Clemente XII lo promovió al arzobispado de Lima, donde tomó posesión en 1732. En esta etapa ejerció una labor conciliadora frente a graves conflictos con órdenes religiosas y momentos de tensión política, como el motín de Antequera. Aunque su relación con el virrey Castelfuerte fue difícil, logró fundar monasterios, reorganizar la administración de hospitales y fortalecer el cabildo.
A pesar del deterioro de su salud, realizó extensas visitas pastorales y gestionó el nombramiento de un obispo auxiliar para asegurar la continuidad de la labor episcopal. Falleció en Lima el 21 de abril de 1739, dejando un legado de equilibrio, diplomacia y firme compromiso pastoral en la arquidiócesis.
Carlos II de España (1661–1700), conocido como El Hechizado, fue rey de la Monarquía Hispánica desde 1665 hasta su muerte. Su reinado estuvo marcado por sus largos periodos de mala salud, la constante presión del expansionismo francés de Luis XIV y reformas económicas internas destinadas a sanear la Hacienda Real. Fue el último monarca de la Casa de Habsburgo en España tras casi dos siglos de gobierno. Su vida personal estuvo marcada por dos matrimonios sin descendencia, lo que convirtió su sucesión en el eje de la diplomacia europea y desembocó, tras nombrar heredero a Felipe de Anjou, en la Guerra de Sucesión Española.
Carlos III de España (1716–1788), conocido como El Político o El Mejor Alcalde de Madrid, fue rey de la Monarquía Hispánica desde 1759 hasta su muerte. Antes de su llegada al trono español, acumuló una valiosa experiencia de gobierno en Italia como duque de Parma y Piacenza, y posteriormente como rey de Nápoles y Sicilia. Máximo exponente del absolutismo ilustrado y del regalismo en Europa, su largo reinado estuvo marcado por profundas reformas destinadas a centralizar el poder estatal, modernizar la agricultura, expandir el comercio y fomentar la ciencia y la Ilustración. En el ámbito internacional, reforzó el Ejército y la Armada, y apoyó la Guerra de Independencia de Estados Unidos. En el plano interior y de ultramar, su política radical para someter los territorios americanos e imponer la autoridad de la corona frente a la Iglesia culminó con la expulsión de los jesuitas en 1767. Estuvo casado con María Amalia de Sajonia, con quien tuvo 13 hijos, y dejó un legado de liderazgo firme y coherente ampliamente respetado.